
Cerro de nuestro municipio en cuyo interior se encuentran restos de una antigua población romana llamada «Campaneana«. Siendo, entre otros lugares, prueba de la presencia romana en nuestro municipio.

El yacimiento se encuentra situado en la ladera occidental del Cerro Campanil, a unos 200 metros del Río Albanchez.
El cerro tiene unos 645 metros aprox. de altura. En el se encuentra la linde con el termino de Bedmar.
Se encuentra recubierto por cultivo de olivar, en un paraje de bastante desnivel.

El yacimiento arqueológico se encuentra enterrado en su totalidad, debido a la falta de excavaciones.
El yacimiento también ha sido objetivo de expolio generalizado. Habiendo encontrado en el restos humanos, enseres, tumbas, etc.


Sin embargo en la superficie se pueden encontrar gran cantidad de elementos cerámicos que indudablemente reflejaban la existencia de un asentamiento de época romana: cerámica común, tégulas y terra sigillata.

El municipio cuenta con presencia humana desde la prehistoria. Las numerosas cuevas y abrigos del municipio albergaron habitantes que dejaron pinturas en ellos.
Sin olvidar la Cueva de los Esqueletos. Una cueva artificial que sirvió como enterramiento múltiple en las épocas finales del Bronce-Cobre.
También se ha encontrado presencia ibera en el territorio. En diferentes puntos del termino municipal se han encontrado varios tipos de restos de esta época. Como serian cerámica, monedas y sobre todo, un friso descubierto en nuestro municipio.
Este sillar cuenta tallado en relieve la imagen de una cierva. Cuenta con una altura de 69 cm y una anchura de 49 cm, pesando 170 kg.

Todo esto sin olvidar la presencia romana en Campanil. La cual ha sido muy extensa aunque expoliada.
D. Manuel de Góngora fue el primero en dar noticia del hallazgo de restos de época romana en El Campanil. El arqueólogo pionero encontró numerosos restos de estructuras con «muchas piedras labradas, no pocos sepulcros, pedazos de barros saguntinos y monedas romanas de plata y cobre».
Pero el hallazgo más espectacular fue una lápida sepulcral con una interesante inscripción que había estado sirviendo de puente sobre una acequia y de paso para labradores y caballerías. La cual se encontraba ya en un estado muy deplorable.
Según la inscripción, la lápida pertenecía a un niño llamado Nusatita, que nació siervo en Tracia y vino a morir, a los tres años, en el lugar de Campaneana, por beneficio y merced de su concejo. Para Góngora es clara la relación entre el actual topónimo de El Campanil y aquella Campaneana que describe como «grande población romana».


Cuando se realizó la última prospección arqueológica en este lugar, no se apreciaban restos de construcciones en superficie, tan sólo elementos cerámicos que indudablemente reflejaban la existencia de un asentamiento de época romana: cerámica común, tégulas y terra sigillata. Debido a la falta de grandes excavaciones se catalogo como villa romana.









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